APRENDER A VIVIR CON UNA
LESIÓN CEREBRAL TRAUMÁTICA


Uno de los aspectos más negativos de las lesiones cerebrales es la gran incertidumbre sobre las secuelas temporales o permanentes a que podrían dar lugar. Ello, unido al gran desconocimiento que aún hoy existe sobre su funcionamiento y los efectos de los daños sobre el mismo, hacen de estas lesiones unas de las más complejas que pueden sufrirse.

Prácticamente cualquier tipo de accidente que suponga un impacto súbito y de consideración en el área de la cabeza podría dar lugar a lesiones cerebrales. No obstante, son los siniestros de tráfico los eventos que, en mayor medida, dan lugar a las mismas.


» Tratamiento de estas lesiones

Dado su potencial dañino, de sospecharse la existencia de posibles daños cerebrales derivados de algún tipo de accidente o conmoción de considerable magnitud, sería preciso acudir a recibir atención médica inmediata.

No obstante, en ocasiones las secuelas de este tipo de incidentes podrían tardar varios días o incluso semanas en manifestarse, pudiendo ello comportar dificultades a la hora de asociarlas con ese accidente que se padeció.

Los tratamientos médicos disponibles varían considerablemente, dependiendo de la gravedad de la lesión y del daño que de ella podría haberse derivado. Es fundamental, por ello, ponerse en manos de un especialista tan pronto como ello sea posible, pues algunas de las peores secuelas podrían evitarse con un tratamiento oportuno y a tiempo.


» Cómo se ve afectada la vida de la persona que sufrió la lesión traumática

Mientras que muchos de quienes sufren este tipo de lesiones tan solo presentan ciertas secuelas en el corto plazo, siendo pues suficiente con un periodo de convalecencia en situación de baja médica; otras personas pueden ver considerablemente disminuidas sus capacidades físicas o mentales, de forma permanente.

Podría ser incluso necesario para el paciente contar con la asistencia permanente de una persona en aquellos casos en que su capacidad cerebral hubiera quedado hasta tal punto deteriorada que no pudiera valerse por sí misma.

En todo caso, con independencia de la severidad de la lesión, quien la sufre debe buscar medios para adaptar su vida a su nueva situación. Dos serían las posibles vías abiertas en este punto:

  1. De revestir la lesión secuelas permanentes de consideración, de tal manera que ese paciente hubiera sufrido una considerable merma, total o parcial, en su capacidad para trabajar, debería plantearse la posibilidad de solicitar la invalidez ante la Seguridad Social.
  2. Existen diversos grados de la misma: parcial, permanente, absoluta o gran invalidez, en función de la magnitud del daño sufrido y su incompatibilidad con la realización de actividades remuneradas.

  3. Por otra parte, si esa lesión se hubiera derivado de una actuación culposa o negligente por parte de otra u otras personas (caso de haber sido atropellado cruzando en verde, o si le hubiera caído una maceta en la cabeza por no estar adecuadamente colgada), podría obtener una compensación económica por responsabilidad civil de quien, en efecto, le ocasionó su lesión.

Sería aconsejable para la víctima poner el caso en manos de un profesional experto, que le asesorara sobre sus posibilidades para cada una de esas vías de actuación, mejorando sus posibilidades de obtener un resultado satisfactorio en cada una de ellas.

José Alberto Andrío
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