ALZHEIMER E INVALIDEZ
PERMANENTE
El mal de Alzheimer es
una enfermedad cerebral degenerativa, padecida por hasta un 0,1% de la población que
implica un deterioro progresivo y constante del entendimiento y las capacidades mentales de quien la padece, manifestándose en una pérdida de memoria a la que sigue el deterioro de otras aptitudes cognitivas.
Biológicamente,
su origen se encuentra en un inusualmente elevado ritmo de muerte de las neuronas, quedando atrofiadas diferentes zonas del cerebro.
Contrariamente a la percepción social que asocia esta enfermedad a la vejez, ésta
podría iniciarse a partir de los 55 años, siendo fundamentalmente causada por factores genéticos y hereditarios, en conexión con la edad avanzada del paciente.
En la actualidad es una patología
irreversible, estando su tratamiento médico muy poco desarrollado, siendo fundamentalmente de carácter paliativo (para la moderación de los síntomas o su progresión más lenta).
Desarrollo de la Enfermedad
En el desarrollo del Alzheimer se dan ciertas fases:
1. En su
primera etapa, el paciente comienza a
padecer los primeros síntomas de la enfermedad, si bien debido a su levedad en muchos casos se achacan a la propia vejez. El
principal factor en esta etapa es la pérdida de memoria, sobre todo a corto plazo, no pudiendo retener nuevos conceptos; y la desorientación.
También en esta etapa comienzan a manifestarse
complicaciones a la hora de razonar o llevar a cabo ciertas tareas y movimientos, con una cada vez más evidente pérdida en la destreza, en un principio en tareas muy especificas y luego en actividades cada vez más cotidianas como vestirse o escribir. En algunos casos se dan también dificultades en el lenguaje.
2. Conforme la enfermedad avanza,
el paciente comienza a necesitar de ayuda a la hora de llevar a cabo actividades, en un principio complejas, posteriormente
cada vez más sencillas, como ir al baño.
Gradualmente, éste
deja de reconocer a las personas de su entorno, pudiendo manifestar cambios súbitos en su conducta, con episodios de agresividad. En estas fases
se acentúan sus episodios de confusión, así como los
problemas motrices y en el lenguaje, deteriorándose cada vez más su memoria a largo plazo.
En esta fase comienza a
evidenciarse la necesidad de la persona de contar con una tercera persona que le atienda o cuide constantemente, pudiendo en casos más acusados ser conveniente su
internamiento en un centro de cuidados especializado.
3. El paciente va progresivamente perdiendo movilidad, deteriorándose consigo su masa muscular. Es
más vulnerable ante las enfermedades, y su lenguaje alcanza el mayor grado de deterioro.
En esta etapa resulta totalmente dependiente, hasta acabar por fallecer debido a la degeneración a que se ha visto sometido su organismo por la falta de movilidad y la extrema debilidad.
La Gran Invalidez del enfermo del Alzheimer
Puesto que, como hemos visto, esta enfermedad suele implicar para el paciente que éste
vea muy mermadas sus capacidades a la hora de llevar a cabo actividades cotidianas que previamente no le suponían ningún esfuerzo,
requiriendo finalmente de la ayuda de una tercera persona, es práctica unánime en la Seguridad Social y los Tribunales el otorgamiento de
la Gran Invalidez para aquellos.
Ya hemos dicho que
ésta enfermedad podría surgir antes de cumplir los sesenta años, y por tanto, bastante antes de alcanzar la edad de jubilación. De ahí que pueda dar lugar a esta invalidez permanente de máximo grado.
José Alberto Andrío
www.aa-indemnizaciones.com