¿MERECE LA PENA RECLAMAR POR LOS DAÑOS SUFRIDOS?
¿QUÉ FACTORES SE TIENEN EN CUENTA?
¿Por qué limitamos
nuestros derechos?
¿Por qué admitir situaciones que no debemos tolerar?
Muchas veces, por eludir
las molestias de un proceso, nos conformamos con situaciones
que suponen pequeños o grandes inconvenientes, que no tenemos
por qué soportar, o al menos no, a cambio de nada. De este
modo, tratamos de evitar la inseguridad y el miedo que éste
nos provoca.
¿Cuáles son estos daños?
¿ Qué trastornos me ocasionan en mi vida cotidiana?
¿Cuándo no me queda otro remedio que aprender a vivir
con él? ¿Cuándo puedo exigir
que me indemnicen?
El concepto de daño
es muy amplio, depende en gran medida de la propia autoestima
de cada individuo.
Puede ser desde el brazo o la pierna operada por
el cirujano que no acaba de recuperar su movilidad funcional normal,
por falta de una rehabilitación correcta del fisioterapeuta,
o ese post operatorio rápido y algo descuidado, que nos deja
secuelas. El asesor que no te da toda la información necesaria
para que tú tomes una decisión adecuada, o ese accidente
imprudente del que manejaba la pala excavadora que segó la
vida de tu marido.
Y tú, te quedas con el dolor crónico,
sin poder llevar una vida normal como la que llevabas antes,
o con un perjuicio en tu patrimonio,
y en los casos más graves, con un cambio
radical en tu forma de vida.
Un buen profesional puede ver una violación
de tus derechos, con posibilidades reales de éxito en su
restitución, donde una particular ve sólo la intervención
de la mala suerte.
Pero volviendo a la primera pregunta formulada,
¿Merece la pena reclamar por
los daños sufridos? No hay ninguna fórmula sencilla
que de respuesta al interrogante planteado.
La solución a esta pregunta es tan personal,
que depende de la propia valoración de cada individuo.
La indemnización económica debe
abarcar la valoración personal que
cada uno hace de su situación actual respecto de la anterior,
preguntándose qué es lo que ha perdido y, cómo
puede sustituirlo.
Es evidente que el dolor por la pérdida
de la vida de un ser humano no es cuantificable, sin embargo, su
indemnización puede paliar las consecuencias de la nueva
situación y ayudarte hacer la vida más llevadera.
Además te ayuda a restablecer tu sentido de la justicia.
Los factores más
comunes que se tienen en cuenta para
valorar los daños y saber así si iniciar o
no la reclamación son:
Las
circunstancias en que se ha producido
el accidente o el daño.
El
alcance de la lesión sufrida,
tanto física, psíquica, o patrimonial.
El
tratamiento realizado para
paliar en lo posible estos perjuicios.
Los
efectos concretos que éstos han tenido en la vida
cotidiana.
La
declaración de los testigos de
los hechos causantes.
La importancia de la situación anterior a los hechos.
Los
límites del seguro existente,
en su caso.
El
alcance de las pérdidas económicas.
Las
soluciones dadas por la Jurisprudencia más
reciente.
La
existencia de las lesiones anteriores.
Necesitarás de las aptitudes
y asesoramiento de un abogado experimentado para asegurarse que
recibirá el máximo que la ley pueda ofrecerte.

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