NEGLIGENCIA MÉDICA DURANTE UN PARTO, Los grandes avances en la medicina moderna han convertido el parto en una intervención rutinaria (por supuesto, médicamente hablando), permitiendo incluso que la madre pueda llevarlo a cabo sin los grandes dolores propios del mismo.
Sin embargo, el nacimiento de una nueva vida no deja de ser, pese a ello, un momento tremendamente delicado, sobre todo si surgen complicaciones, porque el niño nazca de nalgas, porque se le haya enredado alrededor del cuello el cordón umbilical o porque la madre no dilate lo suficiente.
En todas estas circunstancias, no tomar decisiones oportunas y rápidas durante el parto podría dar lugar a secuelas graves y permanentes en el niño, en forma de daños cerebrales, o incluso en riesgos para su propia vida o la de la madre. Ello podría ser constitutivo de negligencia médica.
La importancia de un diagnóstico acertado
A través de las contracciones se agranda el cuello del útero, creando un estrés en el bebe que le prepara para su salida fuera del claustro materno.
En este sentido, es esencial la tarea del médico y las enfermeras a la hora de determinar si la madre ha dilatado lo suficiente. En caso negativo, se podría suministrar a la madre un fármaco para ayudar a aumentar las contracciones.
Es el llamado Pitocin, una oxitocina sintética que sustituye la producción natural de las hormonas que fomentan las contracciones maternas.
Ciertos signos de que algo no va bien pueden encontrarse en el anormal ritmo cardiaco del feto, bien porque caiga a niveles peligrosamente bajos durante largos periodos de tiempo, bien porque sea inusualmente elevado (serían, en este caso, taquicardias).
De continuar con esas anormalidades, se requeriría de una intervención, que podría pasar por una cesárea para evitar daños en el feto. Aquí sería fundamental un diagnóstico a tiempo de la situación, evaluando todos los posibles signos indicativos de complicaciones.
El riesgo de “hipoxia” durante el parto
Cuando el ritmo cardiaco del bebe es demasiado bajo durante un largo periodo de tiempo, éste podría desarrollar “hipoxia”, esto es, falta de oxígeno en el cerebro y en otros órganos vitales, al ser este bombeado insuficientemente por el corazón. Esta situación derivaría en un mayor estrés del feto.
En otras ocasiones tendría lugar el completo bloqueo del torrente sanguíneo, con la consiguiente falta total de oxígeno en su organismo.
La consecuencia de esta situación podría ser una lesión cerebral, incluyendo retrasos en el desarrollo del niño, así como otros problemas médicos. En los casos más graves, podría conllevar la muerte del recién nacido.
Y lo peor es que muchas de las posibles secuelas de la “hipoxia” tan solo se manifiestan después del parto, durante las primeras etapas en el desarrollo del niño, cuando se evidencian problemas en su desarrollo y aprendizaje, por ejemplo, aprendiendo a caminar o a hablar de forma muy tardía.
En estos casos, podría determinarse que durante el parto se produjo la negligencia del facultativo que lo atendió, por no haber actuado convenientemente y de forma rápida para sacar al niño al exterior.
Un caso real
Carmen tuvo su segundo hijo a los 32 años de edad. Cuando llegó al hospital estando de parto fue inmediatamente conectada a un monitor que evaluaba las constantes vitales del bebé y el patrón de contracciones.
Estuvo en la planta de nacimientos durante horas con visitas infrecuentes de una enfermera y de un doctor residente. Pese a sus quejas por el dolor que sufría, nadie parecía hacerle caso, y no recibió examen alguno durante más de una hora.
Finalmente, una enfermera la atendió y advirtió anomalías fetales. Cuando el doctor la examinó, determinó que era precisa una cesárea inmediatamente. Todo lo que Carmen sabía es que había problemas con su hijo.
Desafortunadamente, su hijo sufrió “hipoxia”, y a consecuencia de la misma sufrió daños cerebrales permanentes de consideración. La falta de atención determinó que no se advirtiera ese “estrés fetal” del niño, con lo que los daños se hicieron inevitables.